Alí Chumacero, la literatura como un principio
Hace frío y una niebla extraña se extiende por las calles: inevitablemente pienso en Alí Chumacero. La niebla siempre me ha recordado a Chumacero. Repito uno de sus versos, «un sueño como ave perdida entre la niebla», como un mantra. Este verso me protege del frío. Hay algo en su forma que nos sobrevivirá. Quizá se trate de sus grandes temas: la noche, la soledad, la sombra, el silencio, el amor. Chumacero escribe viento, pero escribe amor; escribe ojos, pero escribe amores. Y el amor en sus manos es como tener una máquina del tiempo para ir a 1937, a Acaponeta, Nayarit, su lugar de nacimiento, pero encontrarnos al mismo tiempo en la Ciudad de México, en los años cuarenta o cincuenta, cuando publicó sus tres únicos poemarios: Páramo de sueños; Imágenes desterradas; y Palabras en reposo. Tres obras que son miles de obras, pues Páramo de sueños a las seis de la mañana no es el mismo Páramo de sueños que a las seis de la tarde. Imágenes desterradas cuando llueve tiene un efecto d...