La separación



La carretera desierta, extendiéndose como una línea sin principio ni fin. Algunos árboles en el fondo, sin hojas, resignados al invierno. Juego con mis manos cuando la miro: sus brazos rígidos en el volante, una expresión seria, tensa, concentrada en la carretera, como si yo no estuviera ahí.

No hemos cruzado palabra desde la última discusión. ¿Cómo hablar después de tantas acusaciones, de ataques tan terribles? ¿Por qué no nos separamos en la cafetería, por qué pagamos la cuenta y nos subimos en silencio al coche, como un acto reflejo? Debería decir algo, cualquier cosa, pero no puedo. Hemos terminado el viaje mucho antes de llegar a nuestro destino. No existimos. Estamos en ninguna parte.

De El Libro de Balieri

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Once miradas latinoamericanas sobre Juan Rulfo



Se cumplirán cien años del nacimiento de Juan Rulfo (16 de mayo de 1917). Muchos lo felicitan en Sayula. Otros han viajado a la imaginaria Comala y algunos lo encontramos en Ciudad de México, una tarde de vientos vivos y agitados. Pensar en el encuentro con Rulfo arroja un alivio: su obra corrió el riesgo de convertirse en un adorno de bibliotecas escolares. Los estudiantes de secundaria y de preparatoria lo tenían como una asignatura. «Tienen que leer ‘El Llano en llamas’. Espero un reporte para el próximo lunes», decían los profesores sin mirar a sus alumnos a los ojos. Pero el mundo de Rulfo es demasiado grande para las aulas. «Hay que quitarle la etiqueta de “clásico” a los clásicos», ha aconsejado Alberto Manguel. Así hay que leer a Rulfo. Quien no lo haya leído, cierre esta revista, apague su monitor, salga de esta ventana en su teléfono inteligente o en cualquier dispositivo sigloveintiunero que utilice. Vaya y lea a Rulfo, porque lo que aquí sigue es una compilación de frases, referencias y elogios sobre ‘Pedro Páramo’, ‘El Llano en llamas’ y un autor al que muy pocos entrevistadores lograron hacer hablar, al que muchas personas describen como tímido, pero siempre como genio, como luz de las letras en español. Me voy a contradecir para celebrar a Rulfo, sin ponerle la etiqueta de clásico, pero admirando esa obra que el juicio del tiempo ha puesto en lo más alto. Lo hago a través de once autores de distintos rincones de América Latina, que está en deuda con una obra traducida a más de cincuenta lenguas, lo que convierte a Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno en el autor mexicano más traducido.1


Gabriel García Márquez

«No me consideraba agotado; al contrario, sentía que aún me quedaban muchos libros pendientes pero no concebía un modo convincente y poético de escribirlos. En ésas estaba, cuando Álvaro Mutis subió a grandes zancadas los siete pisos de mi casa con un paquete de libros, separó del montón el más pequeño y corto, y me dijo muerto de risa: ''Lea esa vaina, carajo, para que aprenda''; era Pedro Páramo.

Aquella noche no pude dormir mientras no terminé la segunda lectura; nunca, desde la noche tremenda en que leí "La metamorfosis" de Kafka, en una lúgubre pensión de estudiantes de Bogotá, casi 10 años atrás, había sufrido una conmoción semejante. Al día siguiente leí ‘El llano en llamas’ y el asombro permaneció intacto».2


Jorge Luis Borges

«Emily Dickinson creía que publicar no es parte esencial del destino de un escritor. Juan Rulfo parece compartir ese parecer. Devoto de la lectura, de la soledad y de la escritura de manuscritos, que revisaba, corregía y destruía, no publicó su primer libro ‘El llano en llamas’ hasta casi cumplidos los cuarenta años. Un terco amigo, Efrén Hernández, le arrancó los originales y los llevó a la imprenta. Esta serie de diecinueve cuentos prefigura de algún modo la novela que lo ha hecho famoso en muchos países y en muchas lenguas. Desde el momento en que el narrador, que busca a Pedro Páramo, su padre, se cruza con un desconocido que le declara que son hermanos y que toda la gente del pueblo se llama Páramo, el lector ya sabe que ha entrado en un texto fantástico, cuyas indefinidas ramificaciones no le es dado prever, pero cuya gravitación ya lo atrapa».

«Pedro Páramo es una de las mejores novelas de las literaturas de lengua hispánica, y aun de la literatura».3

 
Mario Benedetti

«Entre los últimos escritores aparecidos en México, Juan Rulfo (nacido en 1918) ha buscado evidentemente otra salida para el criollismo. Su tratamiento del cuento en El llano en llamas (1953) y de la novela en Pedro Páramo (1955), lo colocan entre los más ambiciosos y equilibrados narradores de América Latina. Por de­bajo de sus modismos regionales, de la anécdota directa y penetrante, aparece el propósito, casi ob­sesión, de asentar el relato en una base minuciosamente construida y en la que poco o nada se deje al azar. Pedro Páramo testimonia ejemplarmente esa actitud».4


Carlos Fuentes

«Su arte es tal, que la trasposición no es tal: la imaginación mítica renace en el suelo mexicano y cobra, por fortuna, un vuelo sin prestigio. Pero ese joven Telémaco que inicia la contraodisea en busca de su padre perdido, ese arriero que lleva a Juan Preciado a la otra orilla, la muerta, de un río de polvo, esa voz de la madre y amante, Yocasta-Eurídice, que conduce al hijo amante, Edipo-Orfeo, por los caminos del infierno, esa pareja de hermanos edénicos y adánicos que duermen juntos en el lodo de la creación para iniciar otra vez la generación humana en el desierto de Comala, esas viejas virgilianas Eduviges, Damiana, la Cuarraca, fantasmas de fantasmas, fantasmas que contemplan sus propios fantasmas, esa Susana San Juan, Electra al revés, el propio Pedro Páramo, Ulises de piedra y barro... todo ese trasfondo mítico permite a Juan Rulfo proyectar la ambigüedad humana de un cacique, sus mujeres, sus pistoleros y sus víctimas y, a través de ellos, incorporar la temática del campo y la revolución mexicana a un contexto universal. Para luego considerar esto: la obra de Juan Rulfo no es sólo la máxima expresión que ha logrado hasta ahora la novela mexicana; a través de Pedro Páramo podemos encontrar el hilo que nos conduce a la nueva novela latinoamericana».5


Octavio Paz en palabras de Guillermo Sheridan

«Leo que en 1959 Paz pone a Rulfo como ejemplo de quienes lograron sacar a la narrativa del “realismo más o menos socialista” que predominó hasta 1950. En 1960 celebra ‘Pedro Páramo’ diciendo que su paisaje mexicano está la altura de los de D.H. Lawrence y Malcolm Lowry, y viendo en su trama una parábola del infierno (el paisaje y la historia) donde peregrina el alma en pena. En 1974 lo pone como ejemplo –entre otros-- de por qué “creo apasionadamente en la literatura moderna de nuestra lengua”. En 1961 reitera que ‘Pedro Páramo’ es una “de las mejores novelas de la nueva literatura mexicana”. Ese mismo año en Mallorca le corresponde presentar a los candidatos latinoamericanos ante el jurado internacional del Premio Formentor, y elige a Rulfo, Carpentier y Borges (que lo ganó al fin)».6


Juan José Arreola

«Lo más importante en mi vida con respecto a Juan fue hacerle decidir que publicara Pedro Páramo en su aspecto fragmentario, que ya no intentara hacer una unidad y una sucesión cronológica aristotélica. Eso es lo que yo me atribuyo: es lo que me corresponde, porque un sábado en la tarde lo hice decidir a Juan, y el domingo se terminó el asunto de acomodar las secciones de Pedro Páramo, y el lunes se fue a la imprenta en el Fondo de Cultura Económica. Los dos solos, en la calle de Nazas, a cuadra y media del Fondo. De sábado a lunes salió Pedro Páramo por fin, porque de otra manera no iba a salir nunca. Lo que yo me atribuyo, y es la historia verdadera, es que logré hacerle decidir a Juan que Pedro Páramo se publicara como era, fragmentariamente. Y sobre una mesa enorme los dos nos pusimos a acomodar los montones de cuartillas. Dios existe. Yo creo en Dios. Esa tarde existió. Y no tiene más mérito que el haberle dicho a un amigo: Mira, ya no aplaces. Es Pedro Páramo así».7


Mario Vargas Llosa

«Con sólo dos breves libros impecables, una colección de cuentos y una novela, Rulfo ejecuta el indigenismo verboso y exterior. Su prosa ceñida, que recrea sutilmente el habla popular de Jalisco, erige un pequeño universo sin tiempo, de violencia y poesía, de aventura y tragedia, de superstición y fantasmas, que es, al mismo tiempo que mito literario, una radiografía del alma mexicana».8


Carlos Monsiváis

«Desde el primer momento, no se escatima la admiración, y Rulfo es profeta en su tierra. Lo que ha variado es el modo interpretativo. Transcurrida la impresión “comprometida” (‘Es una viril denuncia de la situación campesina’) ocurrió el acuerdo mayoritario: la novela y los cuentos de Rulfo son signos de los tiempos nuevos: concluye la novela de la Revolución Mexicana, se extingue la novela rural. Ya lo urbano era lo imprescindible y, precisamente por su excelencia, Rulfo atestiguaba la disolución de la parte más fiel y recóndita del México tradicional. ¿Quién superaría esta profecía con efectos retroactivos, el relato de la agonía secular de pueblos y seres, del fin de los tiempos que cristalizaba en el polvo de las persecuciones? ¿Quién reconstruiría mejor este infierno al pie de la letra, sin necesidad de metáforas, en donde conviene pensar cosas agradables ‘porque vamos a estar mucho tiempo enterrados’?».9


Juan Villoro

«En la novela Pedro Páramo, Juan Rulfo remata con broche de oro la tradición de la novela rural en México y al mismo tiempo crea una novela de extraordinaria modernidad con juegos estructurales sorprendentes y construye el arquetipo del cacique en México. [Pedro Páramo] es la principal novela mexicana del siglo veinte».10


Elena Poniatowska

Para sacarle provecho a Rulfo hay que escarbar mucho, como para buscar la raíz del chinchayote. Rulfo no crece arriba sino hacia adentro. Más que hablar, rumia su incesante monólogo en voz baja, masticando bien las palabras para impedir que salgan. Sin embargo, a veces salen. Y entonces, Rulfo revive entre nosotros el procedimiento de ponerse a decir ingenuamente atrocidades, como un niño que repitiera las historias de una nodriza malvada. [El llano en llamas y Pedro Páramo] esas trescientas veinticinco páginas rayaron de una vez por todas las literatura mexicana.11


Pablo Neruda

Aquí, sobre
estas olas
está el recuerdo
de tantas
lágrimas
que han
navegado
a través de
días y años
en la soledad
de una  luna
olvidada.

Para ti querido
Juan nace
este canto
perdido a
orillas del
mar.

Pablo Neruda
Para Juan Rulfo
querido amigo
de paso por Isla Negra
1969.



Referencias:

1. Secretaría de Cultura http://bit.ly/1WB3vwg 
2.Texto leído por Gabriel García Márquez el jueves 18 de septiembre de 2003, fecha en que se cumplió el cincuentenario de la primera edición de El Llano en llamas, en el programa radiofónico De 1 a 3.
3. Prólogos con un prólogo de prólogos / Jorge Luis Borges. - Madrid: Alianza, 1998.
4. Reseña sobre la publicación de Pedro Páramo en 1955.
5. Carlos Fuentes, La nueva novela hispanoamericana; México, Cuadernos de Joaquín Mortiz, 1969.
6. Letras Libres http://bit.ly/1TWs1DX
7. Arreola ante el recuerdo de Juan, de Sergio López Mena http://bit.ly/1YwWGJj
8. La Nación http://bit.ly/1OSfh1A
9. Pedro Páramo: elogios y diatribas http://bit.ly/1XgMC8J
10. Jóvenes lectores SEP http://bit.ly/1TFtrQL
11. ‘La ficción de la memoria: Juan Rulfo ante la crítica’, por Federico Campbell.

El libro de Balieri o el gen de Merlín, por Óscar Pirot


Imaginemos que nos encontramos en las gradas de una piscina. En el agua una persona practica el nado de pecho. La técnica consiste en lograr que el cuerpo avance mediante la impulsión coordinada de brazos y piernas sacando la cabeza en cada turno de brazada para tomar aire y luego proceder al ciclo de inmersión. De pronto, observamos que algo alquímico sucede: en cada movimiento de inmersión/emersión el nadador en cuestión va cambiando de apariencia física y con ella el escenario que lo rodea. Ese nadador bien podría tratarse de Balieri.

El libro de Balieri del escritor y poeta mexicano Carlos Candiani, es una obra que gira entorno a las múltiples vidas y vicisitudes que asolan a un personaje enigmático, predestinado a una involuntaria capacidad de metamorfosis que lo obliga a sufrir todo tipo de experiencias tanto amargas como placenteras.

La obra tiene una singular anatomía, ya que se trata de más de 150 fragmentos independientes que están interconectados por la aparición repentina y fugaz de esta especie de taumaturgo que parece ofrecernos los retazos de un árbol genealógico plural que se encarna perpetuamente en la piel de un solo hombre.

Ecologista, diplomático, loco, biógrafo de María Antonieta, víctima de la reencarnación, padre de familia, estudiante de último semestre, amante, hijo, policía antidisturbio, vagabundo…, Balieri es un carnaval andante que abarca un amplio repertorio de oficios y máscaras, hecho que lo convierte en una suerte de sustancia moldeable.

Si consultáramos a genetistas y genealogistas para que nos brindaran los posibles orígenes de Balieri, seguramente coincidirían en que pertenece a la estirpe del Merlín de Robert de Boron, una obra que ya en la Edad Media anunciaba las posibilidades de transfiguración, tanto moral como corpórea, de un solo personaje para lograr un cometido. Pero existe una diferencia que le otorga a Balieri una modernidad y una originalidad indiscutibles, y es que mientras Merlín abusaba conscientemente de sus poderes para tramar la inminente coronación del Rey Arturo, Balieri se vale de su taumaturgia para coronar uno de los instantes cumbres de toda vida: el instante poético. Es por ello que resulta muy difícil recordar algún caso parecido al de este personaje y al de la arquitectura literaria que lo sostiene. De esta forma, podríamos decir que el carácter metamórfico de Balieri encarna a su modo la crisis de identidad del sujeto dentro de la posmodernidad.

Lo más misterioso de este personaje es que su conciencia nunca se vuelve hacia sí, es decir, Balieri nunca se cuestiona el porqué de sus constantes transformaciones, simplemente se limita a vivirlas como si un designio natural gobernara su lugar en el mundo.

Más que encasillar la obra en un determinado género, como bien podría tratarse el de novela fragmentada o el microrrelato, considero que El libro de Balieri es una biografía única basada en testimonios inclasificables y tonalidades poéticas; biografía que se ramifica a lo largo y ancho del tiempo y el espacio para seducirnos con sus frutos de tinta.

Al igual que Balieri, también el escenario gira para brindarnos distintas locaciones como México, Perú, Rusia, Israel, Italia… Esta pluralidad también se advierte en los modos en los que el narrador nos presenta a Balieri en cada fragmento: desde dentro y fuera del personaje, hasta en la óptica de algún otro invitado a la fiesta.

Finalmente, esta obra plantea múltiples formas de aproximación y de análisis; algunos poetas y escritores como Inma Luna y Ramón Ortega han destacado su gran valor al reconfigurar la tradición surrealista, y también puntualizado el nivel metaliterario que se observa en algunos momentos del libro. Sobra decir que más allá de cualquier arista, el lector encontrará en este libro una de las obras más singulares e hipnóticas que hayan caído en sus manos.

Como lector aún sigo pensando si acaso Balieri no se ha manifestado alguna vez dentro de mí.

Balieri: un fósil viviente y seductor que no posee fecha de datación y que por ello pertenece a todas las épocas habidas y por haber.

Publicado originalmente en Pirotecnia, el 17 de febrero de 2016.

Entrevista en Baile del Sol

Baile del Sol.- Lo primero que nos preguntamos cuando nos encontramos con El libro de Balieri es ¿quién es Balieri?

Carlos Candiani.- Balieri es la persona que se mira frente a un espejo. Balieri es una persona que es todas las personas al mismo tiempo. Es el protagonista, pero es también el lector. Balieri eres tú y soy yo. Es el taxista de Madrid que me contó un sueño antes de dejarme en Plaza España, el librero en Ciudad de México que puede encontrar cualquier título en una desordenada montaña de libros de la colonia Tabacalera y es el poeta que vive en Lima y que ama y odia su ciudad al mismo tiempo. Es la imaginación dentro de la imaginación. Balieri ya no es la persona que se mira en el espejo, Balieri es el reflejo.

BdS.- Además de este protagonista común, ¿qué nexo de unión tienen los relatos que componen el libro?

CC.- Nexos, en plural. Hay muchos caminos en este libro. Los nexos son los grandes temas, mis grandes temas. La búsqueda de uno mismo, la música, la pintura, los grandes escritores que han marcado mi camino literario. Otros autores dicen que el nexo es el surrealismo, otros que la metaliteratura o el realismo mágico. Nunca he sido bueno para las etiquetas, me gusta que una lectora me haya dicho que para ella los relatos no son independientes, me gusta tanto como la experiencia de las personas que saltan de cinco en cinco las páginas o que lo han comenzado por el final. Siempre quise escribir un libro que se pueda tener a la mano en la habitación y que se pueda abrir en cualquier página para que el azar o la incertidumbre formen parte de la lectura.

BdS.- El estilo y los temas nos llevan a recordar a algunos de los mejores escritores de cuentos, sobre todo latinoamericanos... ¿qué autores son tus referentes?

CC.- Es difícil separarse de las lecturas o de las personas que han influenciado nuestra forma de escribir y la manera en que enfrentamos ciertos temas. Este libro no hubiera sido posible sin mi acercamiento a David Lagmanovich, Eduardo Galeano,  Augusto Monterroso y Julio Cortázar. Los géneros que exploro, el relato, el microrrelato y la poesía, se fusionan, así que también están Juan Gelman, Alí Chumacero e Ida Vitale. Pero no sólo la literatura latinoamericana está presente, pues no me puedo apartar de la influencia de Raymond Carver o de Wislawa Szymborska.

Puedo seguir con este tema. Hablar sobre las mujeres y hombres de letras a los que regreso de forma constante es, quizá, mi forma preferida de pasar el tiempo. Cuando alguien comienza a hablar sobre alguno de mis cuentos o de mis poemas, no puedo evitar interrumpir con una doble pregunta: “¿Y qué otra cosa estás leyendo, cuáles son tus autores preferidos?".


BdS- ¿Por qué has elegido el relato breve?, ¿qué ventajas narrativas te aporta este género?

CC.- Para mí, el relato breve, microrrelato, microcuento o minicuento (me parece un guiño lleno de belleza que el género tenga varios nombres) no es una casualidad. No busco que el texto tenga la posibilidad de extenderse. Ha pasado, por supuesto, que lo que pienso que será un relato breve se transforme y entonces me vea obligado a profundizar más en la historia, pero creo que ha sido más por un capricho o porque he conectado, sin pretenderlo, en un cerrar de ojos, con algún personaje en particular. Lo normal, repito, para mí, es que lo que nace en mi imaginación como un relato breve se quede en relato breve. Lo elijo porque he visto lo que hay en la brevedad, en ese universo extraño y hermoso que es el microrrelato. Elegí al microrrelato por amor al microrrelato, se puede decir, aunque también hay que saber disfrutar del desafío de decir mucho con poco. El género tiene la ventaja del relámpago, de la estrella fugaz, pero es muy importante acompañarlo de la reflexión, del autoconocimiento, pues se corre el riesgo de no decir nada, de no redondear.

BdS- ¿Cómo está siendo tu experiencia con la publicación de "El libro de Balieri?

CC.- Ha sido una etapa llena de aprendizaje. Nunca había enviado uno de mis libros a una editorial. Con sinceridad, puedo decir que desconozco el proceso que comienza cuando se termina un libro (si es que eso es posible) y que acaba en su publicación. Había publicado relatos en revistas literarias, poesía aquí y allá. Tengo varios años escribiendo columnas sobre los escritores que me han marcado y cada espacio en el que me han abierto las puertas ha sido una gran experiencia, pero enviar libros a las editoriales, descubrir ese mundo, ha sido todo un proceso: elegir las editoriales que me interesan, las que cuentan con las colecciones, el enfoque y el género que necesito fue un largo primer paso. Baile del Sol, en este sentido, ha sabido lidiar conmigo y me ha acompañado desde el día en el que comité editorial le dio el –sí- a Balieri. Ha sido algo muy positivo. Me agradaron la comunicación, las formas, la portada, todo.

BdS- Tú vives en México, ¿por qué te decidiste a publicar en España?

CC.- España es un lugar muy especial. No importa en qué parte del país me encuentre, siempre me siento como en casa. Viví en Madrid durante tres años y El libro de Balieri tomó forma en un piso de la calle Núñez de Balboa. Madrid es algo inseparable de muchos de estos microrrelatos. Espero publicar en México, pero El libro de Balieri le pertenece a Madrid. 

BdS- ¿En qué proyecto literario estás en estos momentos?

R: En España escribí un poemario al que le estoy dando vueltas. Estoy como Borges, que podía pasar mucho tiempo revisando un poema para al final quitarle una coma que le volvía a colocar al día siguiente. Es un trabajo de reconocimiento, no es algo que esté naciendo. Mi labor como corrector de estilo ocupa mucho tiempo: sigo esperando al mecenas del que habla Virginia Woolf en Una habitación propia, pero estoy con un nuevo libro de relatos. Hace unos meses estuve en Escocia y me traje una maleta llena de ideas. Me sorprenden las ciudades como Edimburgo, que parece que sólo hay que levantar los relatos del suelo y sacudirles el polvo. Ese lugar está lleno de literatura. Me pasa lo mismo en Ciudad de México o en Madrid. Ya lo dijo Pío Baroja cuando un joven le preguntó qué se necesita para ser escritor: «Vaya a Madrid y póngase a la cola». Yo fui a Madrid y me formé con un montón de libros. Conocí a mucha gente en esa cola (o fila, como le decimos en México). Fue una experiencia maravillosa.

Publicada el día 6 de enero de 2016 en El blog de Baile del Sol 

Editorial Baile del Sol, 2015 
ISBN 9788416320899 
208 páginas 

El viento





—La condición es que cada uno de nosotros debe tener su casa —le dijo ella.

—Como Simone de Beauvoir y Sartre —comentó Balieri.

—Como nosotros dos —mencionó ella.

—A mí me gustaría vivir contigo, ¿al menos podríamos ser vecinos y construir un puente que una nuestras casas, como hicieron Diego y Frida?

—Como nadie. Si nuestro querer le sobrevive a los años y vale el sufrimiento de decirnos enamorados, entonces podrán esparcir juntas nuestras cenizas. Así compartiremos la misma casa: el viento.

De El libro de Balieri, Ed. Baile del Sol 2015